Relato erótico

Un largo día, una larga semana, lo único que deseaba era darse una larga ducha caliente, pues tenía las piernas heladas de estar sentada, y esconderse bajo las sábanas para que terminara el día lo antes posible. Se desnudó en su cuarto y recorrió helada el pasillo dando pequeños saltitos, el suelo estaba frío. Sabía que algún día acabaría resfriada con esa puta manía suya de desnudarse en su cuarto en vez de hacerlo en el baño…

Tan ágil como pudo entró en la bañera y abrió el grifo del agua caliente al máximo, necesitaba entrar en calor como fuese, se colocó bajo el chorro mientras el agua caía por todo su cuerpo recorriendo desde la cabeza hasta los pies. Puso algo de música relajante en la radio, buscando no pensar ni sentir, simplemente estar.

Poco a poco fue entrando en calor mientras el agua recorría su cuerpo estimulando su piel. Comenzó a enjabonarse recorriendo de forma casi mecánica sus pechos, esas estrías que antes tanto odiaba y las reconocía como suyas, enjabonó más delicadamente los pezones, pues entre el calor del agua y su sensibilidad era bastante placentero y sin apenas darse cuenta su cuerpo empezó a excitarse, a medida que rozaba sus pechos, los pezones endurecían solicitando más aún esas caricias suaves y perfumadas, el calor, el olor, el contacto de su piel con los pezones erectos aumentaba su excitación.

Por un momento pensó en frenar, en dejarlo ahí, en deseo. Pero no pudo, era consciente del recorrido que hacían las gotas por su piel, entrando en su boca y cayendo libremente por su cuello, sus pechos, saltándolos hasta llegar a su abdomen, pasando cada una de las barreras que su sobrepeso había marcado en el camino y bajando, caliente y libre por su sexo.

A cada chorro que caía más deseo sentía, más intensificaba sus caricias, más ganas tenía de seguir, y siguió. Sus manos calientes recorrían todo el cuerpo, delicadas, lentas sabiendo dónde y cómo debía acariciar, nunca habían estado tan seguras y serenas a pesar del deseo incontrolable.

Una de sus manos abandonó las caricias de su pecho y se deslizó entre sus piernas, acariciando con mimo su clítoris, una primera toma de contacto; mientras su piel se erizaba y sus músculos se tensaban rogándole que comenzara, tras un par de minutos esperando a que el deseo fuera insoportable acabó dejándose llevar por sus dedos, no pudo remediar morderse el labio dejando salir un sonido gutural, comenzó a moverlos aumentando la intensidad de cada caricia, más intenso y más rápido. Mientras su cuerpo le pedía más. Mucho más. Caricias, gemidos, olores dulces, agua recorriendo su cuerpo, músculos tensos, espalda encorvada, las manos contra el cristal y ella temblando a medida que sus dedos eran más y más rápidos, su cuerpo se descontrolaba y a ella le daba igual su cara, sus curvas, sus kilos, sus vergüenzas. Sólo importaba su placer.

Y de pronto, en un momento, un último gemido, largo, intenso, sus muslos mojados demostraban lo placentera que estaba siendo esa ducha  y tras una respiración profunda, sus músculos se relajaron.

Derrotada sentía el agua sobre su piel, borrando todo rastro de aquel momento de intimidad.

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Me paso la vida alucinando pepinillos con la humanidad y la falta de ella. Gorda desde el inicio de los tiempos...

One thought on “Relato erótico”

  1. Bueno… a primera hora del dia recién publicado el relato me ha parecido muy biográfico así que con vuestro permiso me voy a la ducha que me espera un largo día

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